viernes

Emmanuel Horvilleur

“A mi las cosas tristes no me inspiran”, dice Emma Horvilleur mientrasse calza sus Havaianas verdes para salir del estudio y asfixiarse en el verano de Manhattan.

Es el tercer día de mezcla en The Looking Glass Studios, en el noveno piso del 632 de Broadway, pleno corazón arty de Nueva York. Ahí, el venezolano Héctor Castillo –ingeniero de mezcla de Bowie, Björk, Lou Reed y, últimamente, también Cerati– está terminando de mezclar el tercer disco del ex Kuryaki (tras Música y delirio y Roncanrolero). En exclusiva, el cantante intenta explicar por qué sus canciones casi nunca suenan tristes aunque hablen de quiebres y cortadas. “Hablo del amor con ironía, del dolor con ironía y… de la ironía con dolor”, asimila. “La verdad que a este disco le metímucho de mi vida. Aproveché momentos duros que fermentaron enalgo bueno. Para mí, es una terapia hacer un disco.”

En total son trece tracks sobre amores rotos, amores por romperse, chicas, hermanas de esas chicas y malentendidos que, dentro del espectro Horvilleur (siempre tierno y cachondo), suenan a intimidad adolescente, como si el artista las estuviera cantando desde su cuarto de soltero, la mañana después del divorcio. En “19”, una linda canción sobre un malentendido, Gustavo Cerati pone voz, guitarras y una profundidad luminosa. “Lo de Gus estuvo buenísimo. Uno ya sabe el talento que él tiene, pero clickear y que estuviera en una canción mía… fue muy emocionante”, dice Emma.

(Rolling Stone Argentina)